Se entiende como contaminación luminosa la emisión directa o indirecta hacia la atmósfera de luz procedente de fuentes artificiales, en varios rangos espectrales. Sus efectos manifiestos son: la dispersión hacia el cielo (skyglow), la intrusión lumínica, el deslumbramiento y el sobreconsumo de electricidad.

No se debe confundir el intento de minimizar la contaminación luminosa con la idea de dejar a las ciudades y pueblos con una iluminación deficiente. Por el contrario, las acciones llevadas a cabo para reducir la contaminación luminosa suelen llevar asociadas una mejora de la calidad de la iluminación ambiental.

La Ley 6/2001, de 31 de mayo, de ordenación ambiental del deslumbramiento para la protección del medio nocturno la define como: "la emisión de flujo luminoso de fuentes artificiales nocturnas en intensidades, direcciones o rangos espectrales innecesarios para la realización de las actividades previstas en la zona en que se han instalado las luces ".

La normativa referente a esta materia tiene como finalidad la regulación de sistemas de iluminación para proteger el medio ambiente por la noche, mantener en lo posible la luz natural del cielo, evitar la contaminación luminosa y prevenir sus efectos nocivos sobre los espacios naturales y el entorno urbano, y globalmente mejorar la eficiencia del proceso, lo que conllevará el ahorro de energía y de recursos naturales.

El Mapa de la protección contra la contaminación luminosa en el término de Terrassa se aprobó el 30 de noviembre de 2006. En este mapa se observan las zonas de protección E1, E2 y E3 previsto en la Ley 6/2001, de 31 de mayo , de ordenación ambiental del alumbrado para la protección del medio nocturno.