"La Maurina: la memòria de les persones, la història del barri".

El Plan de Barrios de la Maurina ha publicado un libro que recoge las vivencias y recuerdos de las personas que, a partir de los años 40 del siglo XX, empezaron a construir sus vidas y su barrio en un lugar de Terrassa denominado la Maurina.
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Breve historia del barrio

Hacia el siglo XI, los documentos medievales empiezan a mencionar la existencia de un cortijo llamado Marsans, situado más allá de la riera de Palau, hacia las Aymerigues, en un paisaje definido por las siluetas de las montañas de Sant Llorenç y de Montserrat, que son el telón de fondo de un término que entonces se conocía como Castillo de Terrassa. En el latín de la época, "*Castrum Terracense" o "Terracium Castellum".

Nos encontramos a la época del nacimiento de la Terrassa medieval, un pequeño núcleo habitado que se construyó alrededor de una torre: el actual Tueste de Palau, levantada en el siglo XII, a pesar de que hacía unos tres siglos que al mismo lugar o en una zona cercana existía una fortificación más antigua de la cual no han quedado rastros. La población, en aquel tiempo, se repartía en pequeñas villas rodeadas de campos de cultivo. La Villa de Terrassa, que fue tomando forma en el interior de las murallas entre los siglos XIII y XV, se convirtió en el núcleo de un territorio rural que sufrió pocas transformaciones a lo largo de los siglos.

Hacia el siglo XVII tenemos constancia de la existencia de Mas Maurí en esta misma zona: Marsans y Maurí son nombres que se refieren a la misma alcurnia familiar. Una rama de la familia dejó la vida a labrador hacia el siglo XVI y se instaló a la villa que crecía a la otra banda de la riera del Palacio (la actual Rambla de Ègara), y prosperó hasta el punto que dos de sus miembros acontecieron alcaldes de Terrassa: Pau Maurí y Dolcet (1803) y Josep Oriol Maurí y Flotes (con tres mandatos, entre los años 1815 y 1841).

Y de aquí se derivará, con el paso de los años, una nueva denominación: la Partida de la Maurina. Se ignora su emplazamiento exacto, pero se sabe que la masía fue derrocada a mediados del siglo XIX, probablemente con la construcción de la línea del ferrocarril norteño.

Un torrente era también uno de los referentes históricos del paisaje de esta zona: el torrente de la Maurina, que bajaba originariamente por el que ahora es la calle de Felip II.

Terrassa en expansión

A principios del siglo XX, en la época de expansión de la Terrassa industrial que fue una de las capitales del textil catalán y español, el paisaje de la zona empezó su lenta transición del mundo rural a la vida urbana.

El 1915 se construyó el Parque de Desinfección al lado de la carretera de Olesa. A los años 30 se empezó a dibujar el urbanismo de una Terrassa ideal para el futuro, que contemplaba la ampliación hacia el oeste del barrio de Can Aurell con un eje norte-sur que era la actual avenida de Angel Sallent, nunca completada según su diseño original. El plan urbanístico del 1933, pero, no tuvo mucho cuento la accidentada orografía del terreno…

Y así es como medios del siglo XX, hacia los años cuarenta, empieza a tomar forma al oeste de Terrassa, en un paisaje de cerros y torrentes, de fuertes desniveles, el que entonces se conocía como una "barriada". Las primeras casas eran de construcción muy sencilla, auténticas barracas en muchos casos, que fueron ocupando espacios en el que años después serían las calles Calderón de la Barca, Mallorca, Oró y Duque de Gandia.

Los servicios eran inexistentes y la planificación, nula: las aguas negras bajaban por los torrentes a cielo abierto, el polvo y el barro se mezclaban en las calles, no había agua corriente, ni electricidad… Los propios vecinos construyeron el primer colector a pico y pala. Se esta la zona que sería conocida popularmente como "el barrio de las latas", el primer casco urbano del que acontecería a los años cincuenta y sesenta el nuevo barrio de La Maurina. Los terrenos ubicados alrededor con la avenida Angel Sellent tuvieron otro destino: se reservaron para operaciones inmobiliarias más ambiciosas en la Terrassa del "desarrollismo" y de la especulación urbanística.

Contruyendo barrio

El barrio, en todo caso, fue tomando forma y dotándose muy lentamente de algunos servicios y equipamientos que han dejado una fuerte impronta en la memoria popular. La llegada de los Salesianos, el 1956, es un hecho decisivo, porque ofreció a muchas generaciones de niños el acceso a la escuela y los abrió las puertas a una vida mejor. El 1961 se inauguró la escuela pública Hermanos Amat, en la calle Atenas, en el que fue otro paso adelante para el barrio. El acceso a la educación tuvo un impacto muy profundo en las vidas de los niños y de los jóvenes de aquella ciudad caótica y problemática que crecía rápidamente, desordenadamente, con una fuerza imparable.

Y como tierra de torrentes y cerros que era y es todavía, sufrió el impacto directo e indirecto de la riada del 62, que acabó para transformar definitivamente el paisaje. La construcción del transvase de la Riera de Palau, para desviar el torrente que desembocaba a la Rambla de Ègara, dividió en dos el territorio. Se trataba de una infraestructura necesaria para evitar futuras riadas, pero se construyó sin tener en cuenta su impacto futuro y acabó aconteciendo una barrera.

Los efectos de esta canalización se prolongan hasta el presente y marcan uno de los grandes retos de la Terrassa del siglo XXI: la cobertura del trasvaso, la transformación de la actual Ronda de Ponente en un paseo urbano y la unión de los dos barrios que hay a ambos lados, el Roc Blanc (nacido a los años ochenta y noventa, a partir del suburbio de las "Islas Perdidas" y del antiguo "estercolero del Haba", a la carretera de Olesa) y la Maurina.

Este paisaje de torrentes y barrancos, de casas y calles que fueron ocupando todos los espacios disponibles, de olivos y cultivos que fueron desapareciendo, sería el embrión del que ahora es, en la primera década del siglo XXI, el barrio de la Maurina.