Batería legionaria. Cercanías de Salamanca, otoño de 1936 (ACS, MRF).

1. Las ayudas de Mussolini a los golpistas

Amplios sectores de las fuerzas armadas y de seguridad permanecen leales a la Segunda República y sólo el Ejército de África pudo compensar la desventaja inicial de los insurrectos. Esta tropa sin embargo, no habría conseguido atravesar el estrecho y llegar en pocas semanas a las puertas de Madrid, sin el apoyo de los bombardeos de los trimotores y cazas italianos, que Mussolini puso a disposición de Franco, a finales de julio de 1936, y que se añadieron a los enviados por la Alemania nazi.

Los sublevados nacionales recibieron también los instrumentos, los medios, los especialistas, los asesores militares, un cuerpo expedicionario oficialmente integrado por voluntarios, etc. A lo largo de toda la guerra, los efectivos italianos superaron las 80.000 unidades.

La intervención se organiza bajo un nombre encubierto. Los militares italianos usaban seudónimos, llevaban documentación falsa y vestían de paisano.

La Regia Marina Italiana era la encargada de transportar el armamento y el grueso de las tropas. A pesar de los compromisos del Duce ante el Comité de No Intervención, a partir de noviembre del 36, la flota italiana participa en la guerra submarina contra la República.

El papel que pudo asumir la Italia fascista al inicio de la guerra en los medios de comunicación era de "salvadora" de la ciudadanía española que huía del conflicto.

En cambio, están documentadas con una finalidad rigurosamente interna, las operaciones clandestinas de embarque de tropas y armas. Se encuentran fotografías que muestran los primeros testigos de soldados fotógrafos italianos, colocados delante del objetivo, iniciándose el capítulo de retratos privados de la guerra.

2. Mallorca, puerta de entrada de la Italia fascista

El 26 de agosto de 1936 llega a Palma de Mallorca un personaje siniestro y mitómano, Arconovaldo Bonacorsi, conocido con el apodo de Conde Rossi. Fascista a quien Mussolini confió la misión de convertir la isla en base aeronaval de los italianos cuando Roma aún no había apoyado a los insurrectos. Para conseguir su objetivo era imprescindible impedir que los republicanos recuperaran Mallorca.

Con el apoyo del jefe de la Falange local, el marqués de Zayas, se puso al frente de los Dragones de la Muerte, un cuerpo de jóvenes seguidores de los golpistas y también se sumó a la represión despiadada de todo elemento sospechoso de ser leal al Gobierno Republicano.

Banacorsi se hacía acompañar constantemente de un fotógrafo, dejando constancia de su acción en favor de los nacionales en Mallorca. La prensa local además, le otorgó un protagonismo fuera de lo común. El falso conde fue la cabeza visible de la maniobra estratégica de Mussolini que no hubiera prosperado sin la intervención de la aviación y la marina italianas.

Las imágenes de los archivos militares corroboran la importancia que tuvo Mallorca para el bando sublevado y para los intereses del Duce en el Mediterráneo occidental. La propaganda fascista exaltó las "hazañas" de la Aviazione delle Baleari en la etapa más avanzada del conflicto.

3. Guerra de columnas hacia Madrid

Desde mediados de noviembre del 36, el golpe se había convertido en una guerra de desgaste que irritaba profundamente a Mussolini. Esto motivó el envío de refuerzos sustanciales a Franco para acelerar las operaciones y llegar a una rápida solución del conflicto.

Pero su estrategia chocaba de lleno con la táctica "africanista" de su aliado, interesado en no dejar vivo ningún enemigo en los territorios conquistados. Hacia principio de diciembre de 1936, se crea en Roma el Ufficio Spagna, para canalizar las decisiones relacionadas con la guerra y organizar la propaganda sobre el terreno. Dependía del ministro de Exteriores y yerno del Duce, Galeazzo Ciano.

A la espera de la noticia de la caída de Madrid, que no se produjo hasta el final de la guerra, las revistas italianas llenaban sus portadas ilustrando escenas de luchas encarnizadas que supuestamente tenían lugar en las calles de la capital.

La participación italiana en el bando de los sublevados con la Aviación del Tercio y una agrupación de carros y artillería fue clave para obtener un emplazamiento decisivo en la defensa de Madrid como por ejemplo en Navalcarnero.

4. Málaga, ensayos de guerra celere

Hitler y Mussolini intentaron aprovechar la ineficacia del Comité de No Intervención para terminar la guerra.

Italia envió un cuerpo expedicionario que se estrenó en la campaña de Málaga. Obedecía a los intereses estratégicos de Roma y menoscababa la autonomía de decisión de los sublevados, privándoles del apoyo que había sido decisivo en otros frentes. Franco no tenía alternativa aunque le supuso un mal trago político y militar.

Para Mussolini fue duro no poder convertir el empleo de Málaga en el primer capítulo de su relato propagandístico sobre la Guerra Civil pero no podía comprometer el frágil acuerdo alcanzado con Londres hacía sólo un mes. Por ello, se limitó a alegrarse de este éxito de puertas adentro.

Un año más tarde pudo celebrar abiertamente esta "conquista". Hasta el momento el protagonismo recayó en el representante consular italiano en la ciudad, las improbables hazañas ilustraban las portadas de las publicaciones.

5. Guadalajara, primera derrota del fascismo

Tras la victoriosa ofensiva de Málaga, el Corpo di Truppe Volontarie (CTV) fue derrotado en Guadalajara. La propaganda a favor de la República, dentro y fuera de España, amplificó la noticia: el mito de la invencibilidad del Duce estaba roto. Para más escarnio, entre las filas republicanas tuvieron un papel relevante los italianos del Batallón Garibaldi de la XII Brigada Internacional.

Se trata de un momento clave en las relaciones entre Mussolini y Franco, que aprovechó la circunstancia para privar al CTV de toda autonomía operativa, convirtiéndose en un cuerpo más del ejército nacional.

El silencio de los medios es ensordecedor. Las crónicas desde el frente se interrumpen abruptamente y en las revistas se encuentra poca documentación gráfica, incluso de contrapropaganda.

Las imágenes de los legionarios son las que reflejan mejor la dureza del momento.

La lectura de los fotógrafos del Istituto Luce es diferente: heridos atendidos, trincheras abandonadas por el enemigo y un intenso fuego de fusiles que refuerzan la sensación de desolación y precariedad.

6. Aviazione Legionaria y CTV en el frente Norte

La revancha de Mussolini por la derrota de Guadalajara pasaba por las armas. El CTV había reorganizado dentro del ejército nacional. Lo dirigía Ettore Bastico y tenía órdenes de obtener, lo antes posible, una clara victoria italiana.

Franco apenas disimulaba su animadversión hacia los mandos del CTV, que crecía con las descaradas exageraciones de la prensa italiana respecto a los logros obtenidos por sus efectivos. La tensión entre ambos aliados se disparó tras la caída de Santander, que supuso un giro radical en la estrategia mediática de la propaganda fascista.

Por razones de conveniencia en política exterior, en los medios Mussolini había tenido que ceder todo protagonismo a Franco y los nacionales. Las principales revistas de la época lo demuestran claramente: salen en portada, por primera vez, los legionarios llamados Frecce Nere, presentados como legionarios italianos invictos.

El reportaje del legionario Covone cuenta una historia diferente, llena de puentes derrumbados, ciudades en ruinas, aviones siniestros. En cambio, las fotografías de los militares son referenciales, como de costumbre.

7. De Teruel al Mediterráneo: primera línea y retaguardia

Hasta la ofensiva de Aragón, los legionarios del CTV estaban en reserva, con gran enojo de Mussolini que amenazaba de retirarlos si no eran utilizados activamente.

La tensión se hizo notar cuando el Duce desató en la retaguardia una campaña de terror contra objetivos civiles, que pareció tomar por sorpresa al mismo Franco, el que sacó provecho de aquella iniciativa brutal. La intensidad de los ataques de la aviación italiana fue aterradora, y culminó con los bombardeos masivos sobre Barcelona, ​​entre el 16 y el 18 de marzo de 1938.

Roma no tenía ningún interés en informar de las operaciones aéreas que Mussolini había ordenado: se trataba de un pulso entre aliados en el terreno militar. Por ello, la prensa trasladaba la acción a escenarios más propios o directamente callaba.

La Aviazione Legionaria continental y balear, a las escuadrillas de las que siempre iban militares fotógrafos, documentaban minuciosamente cada fase de sus ataques mediante elocuentes planos cenitales y, en posteriores inspecciones sobre el terreno, los efectos de las bombas.

Las fotografías del Istituto Luce desprenden un interés por el factor humano que falta en los documentos propiamente militares.

8. Italianos de Mussolini en la ofensiva de Levante y la batalla del Ebro

Con la llegada de los insurrectos en el Mediterráneo, la República había quedado dividida en dos. Franco tuvo que decidir si ir contra Barcelona o Valencia y optó por este segundo objetivo, que finalmente no consiguió. La lentitud de la maniobra de los rebeldes exasperaba a Mussolini, que decidió reactivar el flujo de ayuda militar.

En la segunda fase de las operaciones, el peso de la intervención italiana fue considerable. La travesía del Ebro por parte del ejército republicano obligó Franco a suspender las operaciones de Levante. Comenzaba la larga y cruel batalla del Ebro, al final de la cual el frente volvería a establecerse allí donde los republicanos la habían roto el 25 de julio de 1938.

La fuerte presencia del CTV en primera línea de fuego permitió que algunos legionarios capturaran fotografías de batallas en pleno desarrollo, pero también momentos de agotamiento de la tropa durante las largas marchas. La prensa ofrecía imágenes muy diferentes, retratando los altos mandos italianos estudiando la acción siguiente.

Las tomas aéreas militares del papel de la aviación italiana son escalofriantes mientras que las ilustraciones de las portadas y sus pies de foto, parecen más de cómics que de crónicas de guerra.

El CTV en marcha hacia Barcelona, enero de 1939 (USSME).

9. Cataluña, la última campaña del Duce

En la campaña de Cataluña el papel del CTV resultó decisivo para el bando rebelde. La aceleración que provocó en las operaciones el general Gambara, ascendido a comandante del CTV, fue conveniente para los sublevados en vista de la ofensiva final sobre Madrid. Las posiciones de Franco y Mussolini volvieron a acercarse a pesar de continuar habiendo fricciones entre mandos italianos y españoles, que la propaganda de la época censuraron.

La prensa presenta una Cataluña entusiastamente agradecida a los liberadores que marchan juntos hacia la victoria, aunque siempre se dedique más protagonismo a los italianos. El papel más destacado es asignado a las gestas heroicas de la aviación.

Pero también había sido dura la ofensiva terrestre.

Este es quizás el momento de la guerra en la que las diferentes miradas parecen más irreconciliables. Y fueron conscientes los mismos militares que, en Tarragona, documentaron una imagen de resistencia al grito de: "¡España para los españoles! ¡Fuera el invasor!", que retomaba una consigna lanzada por el presidente del gobierno Juan Negrín y que naturalmente ... no se publicó.

10. Regreso triunfal

El 28 de marzo de 1939 cayó Madrid y la guerra terminó.

Mussolini necesitaba mantener buenas relaciones con Franco para que el compromiso de éste con Roma durara más allá de la contienda. La única vía era aligerar la habitual campaña mediática de exaltación que tantas fricciones había provocado entre los aliados durante el conflicto. Lo atestiguan las imágenes de concordia entre autoridades civiles y militares, italianas y españolas. La consigna para los fotógrafos del Istituto Luce era subrayar la identidad de perspectivas y la perfecta armonía entre naciones hermanas.

Comprensiblemente más espontánea fue la alegría desbordante de la tropa que los legionarios fotógrafos supieron capturar y que acabó llenando también las imágenes oficiales.