Bombas «dedicadas», entre otros, a Manuel Azaña, Dolores Ibárruri y Largo Caballero a punto de ser cargadas en un Savoia-Marchetti S.M.81 Pipistrellus Pipistrellus, aeródromo de Soria o Valladolid, primavera de 1937 (ACS, MRF).

1. Armamento y logística

La ayuda militar italiana juega un papel esencial en la consecución de la victoria franquista. A partir de julio de 1936, Mussolini envía una docena de bombarderos Savoia-Marchetti, que son fundamentales para permitir que las tropas coloniales insurrectas lleguen a la España continental. En los meses y años siguientes, Roma envía a combatir en España más de 80.000 hombres, acompañados por una notable dotación bélica que, en parte, se cede a los españoles. Aviones, barcos, carros de combate, piezas de artillería, bombas, submarinos y todo el material necesario para una guerra moderna. España es, para Italia y Alemania, un laboratorio con el que se ensaya la eficacia del nuevo armamento y tecnologías. La aviación es el cuerpo dominante que experimenta los efectos devastadores de los bombardeos indiscriminados ante objetivos civiles.

Los cargos militares son los primeros que fotografían el armamento, documentando la cantidad, la ubicación, los usos y la presencia de armas en varias situaciones. Además, los legionarios, tanto soldados como oficiales, se retratan exhibiendo las propias armas. Los que lo hacen más a menudo son los aviadores, una auténtica aristocracia militar, mostrada y representada por los medios de comunicación como tal.

2. Ruinas y destrucción

Inevitablemente las guerras dejan una estela de muerte y destrucción. En un conflicto bélico total y con un valor ideológico fuerte como el de la Guerra Civil Española, las imágenes de las ruinas se convierten en un instrumento de propaganda consciente. La prensa habla de las operaciones del enemigo como si la destrucción hubiera sido deliberada; no se trata de un resultado inevitable de los bombardeos o las batallas militares. La prensa fascista presenta las imágenes de iglesias y otros edificios religiosos destruidos como una profanación intencionada por parte del bolchevismo ateo así, apoya la interpretación de la guerra como una cruzada en defensa del catolicismo.

La mirada de los militares tiene un sentido más práctico. Les interesa documentar, con el cinismo de los profesionales de la guerra, los efectos de los bombardeos sobre los edificios caídos, con indicaciones muy precisas sobre el tonelaje de los explosivos y la calidad constructiva de las casas. Los legionarios inmortalizan a menudo la destrucción, a veces como telón de fondo de sus retratos de grupo. Terminada la guerra, son los primeros "turistas de guerra" que visitan los lugares destinados a convertirse en símbolos de la batalla terminada.

3. Misas, enterramientos y funerales

La temática religiosa es una de las más frecuentes en la iconografía fascista de la Guerra Civil. En diarios, álbumes de los legionarios y fotografías institucionales son muy numerosas las imágenes que retratan misas de campamento, ceremonias religiosas de soldados y población civil, procesiones, sepulturas de soldados y edificios religiosos destruidos por la furia bolchevique. El discurso religioso se convierte muy pronto en lugar de encuentro importante entre el fascismo italiano, que en 1929 fue signatario de los pactos de Letrán con el Vaticano, y los preludios del nacionalcatolicismo instaurado por Franco, una vez terminada la guerra.

Son especialmente significativas las imágenes tomadas en cementerios que custodian los restos de soldados italianos o los funerales de legionarios. Las miradas pública, privada y propagandística coinciden con la exaltación del sacrificio por un ideal superior, encarnado por las banderas nacionales, por los símbolos fascistas o religiosos y por el saludo romano. En las fotografías hechas por los legionarios y las anotaciones que hacen se vislumbra la implicación personal y el dolor privado por la muerte de los compañeros de armas. No faltan dosieres fotográficos de los lugares de sepultura más significativos de los soldados italianos, llevados a cabo por los legionarios una vez acabada la guerra y también a lo largo de todo el camino de vuelta.

Ceremonia de los legionarios en honor de los caídos. En lo alto de una cima del frente de Aragón, frente a las líneas de los rojos españoles, aparecen en medio de la noche un par de estándares: el italiano y el español, iluminados por los reflectores. Entre las dos banderas hay una cruz de madera sencilla. Bajo la cima, los soldados presentan armas mientras los músicos entonan con sordina el "Cara al sol" y "Giovinezza". Mientras tanto, se encienden sobre las colinas pequeñas llamas de improvisados altares de guerra, sin que los bolcheviques osen perturbar la conmovedora ceremonia. (BCMCS, DC, 21/11/1937 - Dibujo de Achille Beltrame).

4. Desfiles y medallas

En cada ciudad conquistada se celebra un desfile militar, normalmente acompañada por una multitud que aplaude o se muestra curiosa. La revista militar de las tropas marca la conquista formal del territorio y su representación ilustra la potencia del ejército victorioso sin embargo, también se emplea como demostración del apoyo popular, real o supuesto. Para reproducir estos eventos encontramos la maquinaria propagandística, interesada en remarcar el papel decisivo que tiene el contingente italiano en cada éxito militar. Los legionarios no dejan nunca de hacer fotografías durante las manifestaciones solemnes en las que toman parte aunque a veces los atraen también otros temas que no tienen como protagonistas a los italianos: las representaciones espectaculares y exóticas de las apariciones de Franco, rodeado de la su guardia de cuerpo en Salamanca o Burgos, entre otros.

Las ocasiones de hacer un desfile son muchas: las conquistas de las ciudades y también el momento de salida o de retorno solemne a Italia, tanto durante como al final del conflicto. En las circunstancias más importantes, podemos encontrar el Caudillo, el Duce o el rey de Italia saludando a los héroes y sobre estos se centra la atención de los fotógrafos oficiales u ocasionales. La medalla a los caídos se pone en el pecho de las esposas o los padres del soldado muerto. Para el régimen, estas ocasiones son momentos de movilización e implicación significativos para las multitudes.

5. Escenas de vida cotidiana

La guerra de combates llena un espacio mínimo de la vida cotidiana de los soldados. La mayor parte del tiempo transcurre en los largos periodos de inactividad, el aburrimiento de la espera, la vida de los camaradas, los desplazamientos de un lugar a otro, la exploración de ciudades y paisajes desconocidos. Estas escenas son retratadas mayoritariamente por los mismos legionarios, que se fotografían unos a otros, intercambiándose las máquinas fotográficas, multiplicando así los autores de las imágenes que nos han llegado. Son fotos más o menos espontáneas, retratos individuales o de grupo, en poses humorísticas o militarizadas, que representan la rutina de la vida cotidiana en la retaguardia o eventos del todo inusuales. Encontramos también imágenes turísticas que inmortalizan paisajes y monumentos que suscitan la curiosidad y el interés de hombres que a menudo salen de su pequeño lugar de origen por primera vez.

Baile entre soldados. Arnes, 1938 (APB, Fons Sandri).

La propaganda no tiene ningún interés por este tipo de imágenes ya que prefiere, obviamente, la representación del soldado en acción o ya victorioso.

Lo mismo vale para las instituciones militares y políticas, que por norma documentan los aspectos más militarizados de la vida de los soldados. No faltan, sin embargo, imágenes oficiales, que muestran la eficacia de las instituciones militares a la hora de organizar el tiempo libre de los combatientes.

6. La representación del enemigo rojo

El adversario contra el que se combate es sencillamente el "rojo". Cualquier otro matiz, pluralidad de posiciones o quizás incluso contradicción interna del bando republicano es simplemente encubierta. En las imágenes de prensa, asume a menudo la apariencia monstruosa de un asesino sádico y violento, profanador de mujeres y lugares sagrados. Pero aún más a menudo, la suya es la imagen del vencido, del prisionero que ya no puede hacer daño, con un aspecto similar al de un inadaptado social o bien del cobarde que huye, o tal vez de un hombre al que han obligado a ir a la guerra contra los nacionales.

Entre los álbumes de los legionarios encontramos fotografías de los prisioneros y retratos de los botines obtenidos, la mayoría de veces junto a soldados italianos eufóricos y triunfantes. Las instituciones políticas y militares están más interesadas por los sistemas de gestión de los hombres capturados.

Y en último lugar están los muertos, que interesan y atraen a todo el mundo con una cierta morbosidad. Aunque no son muy numerosas, las imágenes que se encuentran son similares a los fondos privados, los institucionales y finalmente a las páginas de los periódicos. Cuerpos devastados por la muerte, torturados, mutilados, pero siempre y sólo de los enemigos. Los compañeros de armas caídos nunca son objeto de una mirada tan poco respetuosa. Casi siempre el único protagonista es el cadáver; ahora bien, cuando, inesperadamente, vemos la mirada de los legionarios que topan con un cadáver, entonces emerge toda la consternación que causa este encuentro aterrador.

7. Mujeres y niños ante el conflicto bélico

Sólo en parte las mujeres y los niños representan las víctimas y los espectadores impotentes de un conflicto de hombres. La mujer nacional aparece con los trajes tradicionales y reconfortantes de la enfermera o el auxiliadora; a veces aparece también con uniforme, aunque siempre sin armas y confinada en la retaguardia. Ante esta, está la mujer subversiva, un ejemplo de bruja armada que sólo la victoria puede derrotar. Por último, está la mujer que se ha quedado en Italia, la representación de la cual sólo tiene sentido por el régimen en el momento en que asume el papel de madre o de mujer de un caído.

Las imágenes de los niños ofrecen unas imágenes semejantes. Predominan las visiones patéticas de niños que sufren, abandonados, sin techo y heridos, su desgracia sólo puede tener su origen en la conducta bélica de los enemigos.

8. Prófugos y desplazados

La maquinaria propagandística se interesa por los prófugos y desplazados. Los legionarios raramente documentan la fuga o el retorno de civiles, situaciones que sólo ocurren de forma aislada. Para las instituciones militares, la cuestión de los prófugos no es un tema, ya que se escapa de sus competencias. Los diarios, en cambio, hablan constantemente de ello. Documentan las fugas precipitadas de los civiles de pueblos acosados ​​por los rojos, sobre los que siempre recae la responsabilidad de los males y los sufrimientos de la población civil. Los méritos van exclusivamente en el bando nacional cuando, gracias a sus éxitos militares, permite el retorno de los desplazados a sus hogares.

El argumento adquiere una connotación del todo especial al final de la guerra y se concentra en el caso catalán. Los milicianos, en ruta hacia Francia, son descritos como una horda salvaje en fuga, mientras sus cabezas, interesados ​​en salvar la piel, son representados como privilegiados, cínicos e indiferentes a los sufrimientos de la pobre gente. Si los civiles eligen huir más allá de la frontera es por causa de la propaganda enemiga que acusa a los nacionales de ejecutar venganzas y represalias indiscriminadas.

La guerra ya ha terminado, pero el uso instrumental de las imágenes se alargará aún durante mucho tiempo.