La OMS define la salud sexual como un estado de bienestar físico, emocional, mental y social en relación con la sexualidad, considerándola un derecho humano básico. Incluye la capacidad de disfrutar de relaciones seguras y placenteras, libres de coerción y violencia. La salud sexual requiere una atención integral, con acceso a información, educación y servicios adaptados, así como una participación activa en la propia salud y la de las parejas. El concepto de sexualidad ha ido evolucionando con las culturas, influencias religiosas y cambios sociales.

La adolescencia y juventud son etapas clave con grandes cambios físicos, psicológicos y sociales, con oportunidades y riesgos. La educación afectivosexual es esencial en este período, ya que ayuda a fomentar una identidad sexual y afectiva saludable. Esta educación informa sobre las posibles complicaciones de una sexualidad no informada, no protegida o no consentida, como embarazos no deseados, ITS, y violencia sexual y de género.