El modelo energético actual tiene unos costes económicos, sociales, ambientales y para la salud de las personas Muy elevados, que cal abordar desde un nuevo modelo democrático, descentralizado, participativo, renovable, y seguro. Esta transición energética se está planteando a nivel global, pero desde Europa es quiere liderar situando la ciudadanía en el centre del modelo energético.

En contraposición al modelo energético actual, la transición energética nos debe llevar a garantizar el derecho social al acceso a la energía; democratizar el sector Eléctrico y fomentar la participación de la ciudadanía y de las empresas; a la producción de energías renovables autóctonas, distribuidas y próximas a los puntos de consumo; al abandono de la energía nuclear y del consumo de combustibles fósiles utilizados en la producción tanto de electricidad, de calor, así como també a la movilidad y el transporte; la transformación y rehabilitación energética de nuestros edificios restaurados; la modernización de la red eléctrica; y en desarrolló herramientas tecnológicas para gestionar de manera más eficiente la energía que producimos y consumimos.

En esta contexto, Ayuntamiento, instituciones, empresas, entidades y ciudadanía, no pueden seguir actuando como meros consumidores pasivos de energía, teniendo el derecho y el deber de participar e involucrarse en mayor grado en la transición energética. En este sentido, las comunidades energéticas se erigen como una figura esencial para vehicular esta participación y democratización del sector eléctrico desde una perspectiva local y de proximidad.